Al llegar la media noche un hombre entra al cementerio

y rompe el gran silencio con una gran campana.

 

Yo soy el animero,

quien recorre los caminos, 

legiones de difuntos 

caminen a mi espalda.

 

Yo soy el animero, 

amigo de los muertos,

y canto un tono fúnebre

durante nueve días.

 

Tumba a tumba

el animero toca,

¡despierten moribundos!

Transiten este mundo.

 

Paso a paso

caminen a mi espalda,

atentos al llamado

de sus seres amados.

 

Al llegar la madrugada el hombre entra al cementerio 

y hace que los muertos regresen a sus tumbas.

 

Tumba a tumba

el animero toca,

duerman moribundos

no son ya de este mundo. 

 

Paso a paso

regresen a sus fosas, 

que sus restos reposen 

trescientos días más.